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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- La tarde del Día Mundial de la Poesía solo tuvo algunos minutos sin lluvia en Santiago Rodríguez. Un frente frío y una vaguada llevaron al COE a disponer alerta amarilla para la zona. Y en efecto, las lluvias iniciaron el viernes 20 de marzo y se extendieron durante todo el sábado.
Eso no lo alcanzó a ver el Poeta Mayor cuando iniciaba los aprestos de cara a la octava entrega del Recital Voces en Vuelo sobre Melopea del Riachuelo. Tampoco lo previeron quienes acudieron desde Santo Domingo, Moca y San Francisco de Macorís. Mucho menos lo podría adivinar Lenin Sánchez, bardo que necesitó varias modalidades de transporte para dejar a su amado Ecuador, homónimo con esa línea que parte en dos al planeta, hasta llegar a la Cordillera Central de “un país colocado en el mismo trayecto del sol”.
Quizás por esas “razones” que solo parecen entender escasos seres humanos, Máxima Hernández dejó entrever algunas sospechas de contar con información privilegiada sobre cuán amenazado estaría el recital. En el evento, ella contó que no había podido corresponder a las anteriores siete invitaciones. Lo explicó antes de sentenciar: “Aunque naufraguen estas prosas o todo termine, nos queda ella: la poesía…”.

Eudaldo Hiciano agradece su reconocimiento
No lo pudieron impedir la lluvia persistente ni los caminos con lodo. Tampoco pudo la amenaza latente de cancelar lo que muchos esperaban durante meses. Contra todo pronóstico, la poesía volvió a imponerse. No solo se realizó el recital: se llenó el salón. Y con ello, dejó una señal clara sobre el poder de quien se entrega “en cuerpo y alma”.
El recital desafió al clima (y a la duda)
La fecha estaba escogida desde la séptima versión. Los preparativos iniciaron en el otoño. Pero cuando solo faltaba un día, el clima parecía imponer su poder. El montaje debió hacerse bajo agua, y quienes tuvieron la valentía de dirigirse hasta La Guama avanzaban entre lodo e incertidumbre. Probablemente lo hacían impulsados por la misma fuerza que, pocos días antes, llevó a Lenin Sánchez a escribir: “mientras haya poesía… ¡vivirá la esperanza!”
Más de uno pensó que esta vez la naturaleza lo impediría. Pero no fue así. Horas después, el riachuelo “El Caño” recibía a los poetas como un cachorro que se reencuentra con los suyos: inquieto, amoroso, vivo. Hubo un minuto de silencio a la memoria de Celenio Torres. Él asumió la preparación del montaje en todas las versiones anteriores. Pero ese silencio, solo interrumpido por la lluvia, también sirvió para entender mejor la dimensión de la melopea, como soporte de un acto simbólico de comunión entre territorio, naturaleza y palabra.

Reconocimiento a Víctor Peralta
La octava entrega de Voces en Vuelo fue mucho más que un encuentro literario. Fue una muestra de cómo la cultura puede activar comunidades, fortalecer identidad y generar cohesión social. Con la invocación espiritual, a cargo de la doctora Lissette De León, y el himno a Sabaneta, el acto conectó lo simbólico con lo colectivo.
Se rindió homenaje al escritor Eudaldo Hiciano, cuya trayectoria fue reconocida como parte esencial de la historia literaria local. También se destacó a Víctor Manuel Peralta Torres, “poeta de la naturaleza”, evidenciando el valor del reconocimiento entre pares.
En algunos casos hubo oportunidad para declamar en segunda ronda. Pero también las hubo para el humor poético. Al lado de El Caño confluyeron poetas nacionales e internacionales. Y como memorable experiencia, esta versión incluyó un “abrazo poético” con la Comunidad Literaria Taocuántica, de San Francisco de Macorís.

Vista parcial de la concurrencia
Poesía y comunidad
El recital no ocurrió de forma aislada. Se desarrolló junto a un espacio para exposición, degustación y venta de productos de la comunidad. Entre verso y verso, esa feria recordó que la integración entre cultura y economía local permite visibilizar potenciales del territorio, dinamizar la economía comunitaria, atraer visitantes y fortalecer el sentido de pertenencia.
Lo que Diógenes Díaz Torres inició en 2016 ha evolucionado hacia un espacio donde la poesía no solo se escucha, sino que se vive como experiencia territorial. Un esfuerzo que antes fue solo sueño hoy involucra a las comunidades del entorno, al colectivo cultural Voces en Vuelo, a invitados nacionales y extranjeros, a medios de comunicación y a patrocinadores como Coopsano y Agroesa.

Vista parcial de poetas asistentes.
El entramado que hace posible este recital recuerda que el desarrollo cultural no es espontáneo: requiere organización, compromiso y alianzas sostenidas. Solo así, aunque dé la impresión de que el clima se opone, la articulación acciona, la comunidad responde, llega y participa, y el colectivo logra el milagro.
Eso explica que la noche del 21 de marzo no fuera solo memorable sino reveladora de esperanza. Eso explica que La lluvia, 0; la poesía, 1, más que resultado de una disputa sean la expresión de una sinergia que logra el 10. Porque si la poesía pudo lograrlo con la lluvia, quizás también pueda seguir abriendo caminos para la humanidad.
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